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Si utilizamos deposiciones de animales como abono, ¿por qué no utilizar la orina como fertilizante? Durante los últimos años se ha especulado sobre las propiedades de esta secreción en materia de jardín y/o campo. Pese a las reticencias que su uso como nitrato pueden suscitar, lo cierto es que no son pocos los expertos que están echando abajo estas negativas teorías.

Nitrógeno, fósforo y potasio son algunos de los nutrientes que contiene la orina, los mismos que se pueden encontrar en los fertilizantes más utilizados en la agricultura. Si hay que ponerle una pega a este método tan natural, es la elevada cantidad de sal que contiene, pudiendo provocar efectos negativos en las cosechas.

Solución: diluir la orina

Ray Weil, profesor del departamento de medio ambiente y tecnología de la Universidad de Maryland, explica a la publicación Popular Mechanics que las plantas jóvenes serían las primeras perjudicadas por esta característica, ya que se encuentra muy concentrada. Owen Duckworth, profesor de biogeoquímica de la North Carolina State University, no duda en señalar que los nutrientes que se hayan en este líquido son los necesarios para mantener el estado saludable de nuestras tierras.

Ambos expertos coinciden en su forma de empleo: para que la orina no dañe el entorno, tan solo debe diluirse en agua. La metodología a seguir no deja de ser tan sencilla como sorprendente: introducir el fertilizante natural en una regadera o recipiente de medición y añadirle el doble de agua.

La orina en la economía

No han tardado las empresas que han visto en esta una ocasión perfecta para aumentar sus beneficios. Una de ellas es Rich Earth Institute, que se nutre de las evacuaciones de personas participantes en uno de sus programas. Una vez diluidas en agua, se venden a los granjeros que la requieran. Como dato, suelen utilizarse 3.785 litros de orina por cada media hectárea.

Fuente: Gizmodo

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