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El pasado sábado 18 de junio se conocía la trágica noticia. El inicio del incendio más devastador de la historia de Portugal, que dejó un total de 65 fallecidos —48 de ellos en la denominada «carretera de muerte»— y más de 250 heridos. Más de 40.000 hectáreas relegadas a cenizas. ¿Qué se puede aprender de esta catástrofe?

Factores meteorológicos extremos

La tarde del 17 de junio se dieron las condiciones idóneas para que la mecha prendiera. Los días precedentes presentaron nulas precipitaciones, las altas temperaturas se mantuvieron, la humedad era muy baja y el bosque gozaba de un ambiente seco. Entonces, hicieron aparición las tormentas secas con vientos intensos y descontrolados.

Se debe: estar atentos a la meteorología. Si bien es un factor incontrolable, pueden introducirse medidas preventivas mediante su análisis. Por supuesto, la quema de restos agrícolas debe eliminarse cuando estas condiciones se alían.

Abandono del lugar

La zona calcinada estaba, décadas atrás, ocupado por una amplia y longeva tradición agrícola. Sin embargo, estas fueron abandonadas a su suerte con el éxodo rural, situación que abrió el camino a la vegetación. Las tierras que antes actuaban como cortafuegos dieron cobijo a árboles y matorrales.

Se debe: controlar las zonas deshabitadas. Además de ello, se debe promover la vuelta al rural, incidiendo sobre la importancia de la agricultura y la ganadería.

Viviendas en zonas forestales

El incendio se propagó entre la flora, llegando incluso a núcleos de población que, en numerosos casos, se vieron bloqueados ante la situación.

Se debe: definir áreas de seguridad e invertir en formación preventiva para los residentes.

Dispositivos de extinción

Un total de 150 fuegos simultáneos fueron contabilizados la tarde del trágico sábado en Portugal, situación que dificultó la lucha contra las llamas. Todo ello ocurrió sin la presencia de ningún agente forestal.

Se debe: integrar a las brigadas municipales en un servicio público y contar con personal que vele por la seguridad de las zonas forestales.

Fuente: Campo Galego

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